lunes, 31 de agosto de 2009

Cráneo de una noche de verano

Ana Lydia nos presenta un coctél maravilloso de dichos comunes directamente sacados del lenguaje vulgar de la calle. Hacía tiempo que no escuchaba algunos de esos términos que formaron parte del léxico linguístico de mi juventud. Comenzamos con los anglicismos como friforol, fóquin, bródel, friquiao, lonpléin, boiescau, etc. Los dos anglicismos más tajantes son los de los dos personajes principales: Yuniol (de Junior), y Güilson (de Wilson). También nos presenta el vocabulario típico del mundo de las drogas: capeal, ácido, perico, yerba, etc. Y no pueden faltar las palabras y expresiones típicas que solo un puertorriqueño podría entender: mangal, lo quiero calle, la movida, traqueteo, gufealse, embalao, espepite, repartir chinos, etc.

Un factor interesante es lo enajenado que se encontraba Güilson con la realidad del presente que el resto de la población estaba viviendo. El se encontraba en su propio mundo rodeado del tripeo que le bindaban las drogas y el pariceo que compartía con sus cómplices. Güilson andaba en su propio cráneo, sin importarle el resto del mundo y los acontecimientos del momento. Tan es así que ni tan siquiera se había enterado de que P.R. se había convertido en el estado 51.

Me parece muy interesante el choque de esos dos mundos tan diferentes: el del drogadicto que no sabe inglés excepto por los anglicismos que ha adoptado en su repertorio linguístico, y el de su país convirtiéndose en parte de una nación de la cua él no parece conocer todavía bien. Güilson es realmente incapaz de relacionarse con la nueva identidad con la cual ha tenido que enfrentarse al enterarse de lo ocurrido. La nota que todavía llevaba, junto con la desilución de la nueva noticia, lo llevan a tomar la decisión del suicidio.

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